El partido 10 del sucesor del 10

Remember the Hand of God? Here´s the rest of him (¿recordás La mano de Dios? Acá está el resto de él). Así presentaba Nike a Ariel Ortega en una publicidad en el Reino Unido en vísperas de la Copa del Mundo de Francia 98.

El jujeño, que en ese entonces jugaba en Valencia, llegaba como una de las figuras principales del Mundial pese a que en el equipo Che no tenía la continuidad deseada debido a su tensa relación con el entrenador Ranieri.

Con el Mundial de 1994 como experiencia, en donde tuvo que jugar cuando Maradona fue sancionado por doping, el Burro se presentaba como el sucesor del Diez.

En Francia 98 disputó un gran partido ante Jamaica, marcando dos goles de los cinco que convirtió Argentina ese día (los otros tres fueron de Bati). Pero lo más destacado de ese Mundial fue el partido por octavos ante Inglaterra.

Desde México 86 que Argentina y la selección inglesa no se veían las caras, por lo que ese encuentro contenía en la previa varios condimentos que lo hacían aún más importante de lo que ya era este clásico mundial. Los ingleses buscaban saldar la imagen derrotista que les había propiciado Maradona doce años antes, mientras que los argentinos querían extender aquella postal triunfante.

Ortega tuvo una noche para el recuerdo, sobre todo en el primer tiempo. Su primera víctima fue Graeme Le Soux, cuando el Burro le tiró el primer caño del partido. Minutos después lo repitió ante Paul Ince, Tony Adams y Paul Scholes. Metió cuatro caños en un corto lapso. El más recordado de todos fue el que le hizo a Scholes, no solo por el rival sino también porque después de la acción asistió a Batistuta para que defina, pero la pelota se fue por arriba.

La pesadilla inglesa continuó durante el resto del partido. Con gambetas y desequilibrio. Con quiebres de cintura y amagues. Volvió a dejar solos a Batistuta, Piojo Lopez y Crespo, pero ninguna de las jugadas terminó en gol.

Luego de que el partido terminara igualado en dos tantos, los penales favorecieron a la Argentina que pudo pasar de ronda. Además del gol de Owen, de la expulsión de Beckham y de las atajadas de Roa, aquel partido será recordado como el día que Ortega hizo que el Saint Ettiene se convirtiera en el potrero de su Ledesma natal.

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